La inteligencia emocional (IE) es un concepto muy empleado
en el campo de la psicología y tiene que ver con la manera con la que
interpretamos el mundo e interactuamos con nuestros propios sentimientos y
habilidades sociales: Conocimiento de Uno Mismo, Autocontrol, Motivación, Empatía,
etc.
El término de Inteligencia Emocional (IE) fue acuñado por primera vez por los psicólogos Salovey y Mayer (1990), aunque se hizo más popular cuando el psicólogo americano David Goleman publicó su bestseller, ‘Inteligencia Emocional’, en 1996. Según el modelo de Salovey y Mayer, podemos aumentar nuestra IE trabajando, principalmente, estas cinco competencias:
- Conoce de tus emociones. Es importante estar atentos a los estados de ánimo y a nuestras reacciones ante las situaciones cotidianas, buscando establecer las conexiones con los estímulos que las provocan. Hay que lograr una actitud neutra, sin juzgar o rechazar lo que se siente, eliminando de nuestra percepción los pensamientos negativos.
- Controla tus emociones. Debemos tratar de controlar nuestros impulsos e inhibir los pensamientos negativos, libres de ansiedad, tristeza o irritabilidad exagerada. No se trata de reprimir los sentimientos, sino de lograr un equilibrio ya que cada sentimiento tiene su función y utilidad.
- Motívate a ti mismo. El optimismo es uno de los requisitos claves para alcanzar nuestras metas. Esta capacidad se pone de manifiesto en las dificultades, en el cansancio, en la frustración, en el fracaso, cuando las cosas negativas abundan, es aquí cuando el hecho de mantener una visión positiva puede significar el éxito o el abandono de la meta.
- Saber reconocer las emociones ajenas. Es la capacidad que posee el individuo de captar los estados emocionales de los demás, es decir, la empatía. Es importante tener conciencia de nuestros propios estados emocionales y lograr percibir los elementos no verbales asociados con las emociones de los demás, logrando detectar qué necesitan o qué quieren. La empatía se trata de ponerse en el lugar del otro, sintonizar con sus sentimientos y necesidades.
- Control de las relaciones. Esta habilidad consiste en la capacidad de un individuo para relacionarse adecuadamente con las emociones de los otros. El requisito básico para llegar a controlar las emociones de los demás consiste en el desarrollo de dos habilidades: el autocontrol y la empatía. Estas actitudes sociales garantizan la eficacia en el trato a los demás y sin ellas estamos condenados al fracaso e ineptitud social.

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